El oro y la plata han arrasado en los mercados este año, con avances prácticamente sin precedentes para el mercado de metales. Mientras el metal amarillo superaba USD 5.000, la plata sorprendió al mundo al exceder USD 120 por onza la semana pasada (28 de enero), lo que marcó una ganancia de 400% en los últimos 12 meses. Y aunque desde entonces la plata corrigió con fuerza hasta los USD 80,63 (5 de febrero), con una caída semanal de 32,4%, muchos siguen muy alcistas con el metal gris, y con buenos motivos. Aun así acumula un alza de 150% en menos de un año, y todo indica que la demanda se mantiene sólida tanto por parte de la industria como de los inversores; posibles problemas de oferta probablemente respalden los precios al menos en el corto y mediano plazo.
El débil —y debilitándose — dólar, junto con la creciente incertidumbre geopolítica, vuelve a los metales preciosos una inversión atractiva para un número creciente de inversores adversos al riesgo. La política monetaria acomodaticia de la Fed probablemente no haga más que acentuar esta tendencia. Sin embargo, el comportamiento más especulativo de algunos inversores en metales actúa como contrapeso de estos sólidos fundamentales, y el riesgo de un desplome sigue latente incluso tras la reciente gran corrección. En este artículo analizamos todos estos factores y cómo su convergencia podría perfilar el precio de la plata de cara a 2026.
Desafíos de oferta y sólidos fundamentales
El reciente rally de la plata ha estado impulsado por una combinación de demanda industrial resiliente y un creciente apetito inversor, ambos amplificados por restricciones de oferta emergentes. El consumo industrial sigue siendo robusto, especialmente en sectores en rápida expansión como las energías renovables, la fotovoltaica y la movilidad eléctrica, que dependen en gran medida de las propiedades conductoras de la plata. No obstante, el mercado se enfrenta ahora a una oferta física ajustada, exacerbada en gran medida por las recientes restricciones de exportación de China. La decisión de Pekín de catalogar la plata como recurso estratégico e imponer controles a las exportaciones ha restringido la oferta global justo cuando la demanda tocó un mínimo. Como consecuencia, los cuellos de botella en el mercado físico son cada vez más evidentes. El distribuidor alemán Pro Aurum informa que los volúmenes de negociación se han triplicado desde comienzos de año, lo que provoca plazos de entrega de seis a ocho semanas y escasez de productos bullion populares como las monedas Austrian Vienna Philharmonic y Australian Kangaroo.
En este contexto, las grandes instituciones financieras se están volviendo marcadamente alcistas. Cuando la plata alcanzó su máximo del 28 January, Citigroup revisó al alza de forma significativa su perspectiva de corto plazo y proyectó que los precios podrían subir hasta USD 150 por onza en los próximos tres meses, impulsados por el entusiasmo especulativo y el endurecimiento de los fundamentos del mercado. El análisis del banco se centra en la relación oro–plata, que históricamente mide el valor relativo entre ambos metales. Si esta relación vuelve a su nivel de 2011, en torno a 32:1, los analistas consideran que un precio de USD 170 por onza sería alcanzable. En esencia, aunque las limitaciones físicas y el auge de la demanda industrial crean un terreno fértil para la apreciación de precios, la magnitud del rally dependerá de si las fuerzas especulativas se intensifican o se enfrían en los próximos meses.
Impulsores macro y volatilidad del mercado
Además del reequilibrio entre oferta y demanda, condiciones macroeconómicas independientes también están aportando un impulso significativo al ascenso de la plata. Por ejemplo, la decisión de la Reserva Federal de EE. UU. en enero de mantener sin cambios las tasas de referencia ha añadido presión a un dólar ya debilitado, que este año por sí solo ya retrocede alrededor de 10%. Un dólar más débil suele impulsar la demanda de materias primas denominadas en dólares, como la plata, ya que se abaratan para los compradores fuera de EE. UU. Además, hace que cualquier apreciación real de los activos sea más marcada, ya que las ganancias se ven amplificadas por las variaciones cambiarias. Mientras tanto, el aumento de las tensiones geopolíticas, en particular en Oriente Medio y a lo largo de los corredores del comercio global, ha reforzado la demanda de activos refugio tradicionales.
De forma inusual, el mercado de la plata —históricamente impulsado por la industria— refleja ahora una marcada "prima de refugio", señal de una mayor aversión al riesgo tanto entre inversores institucionales como minoristas. Su precio comparativamente más bajo respecto del oro también la convierte en un vehículo atractivo para quienes buscan una exposición de baja barrera al ciclo alcista de las materias primas en curso. Aun así, no todos los participantes del mercado se sienten cómodos con el ritmo de estas subas. Algunos analistas advierten que las entradas de capital especulativo están amplificando las oscilaciones de precios, generando niveles en parte desconectados de la dinámica del mercado físico. En respuesta a esta mayor volatilidad, CME Group incrementó los requisitos de margen para los contratos de futuros sobre plata, en una medida destinada a contener la especulación impulsada por el apalancamiento. Está por verse si esta intervención logra enfriar el impulso, pero pone de relieve una realidad clave del mercado actual: la trayectoria de la plata está tan determinada por el sentimiento y los factores macro como por los fundamentos tradicionales de oferta y demanda.
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